Santa Laura Montoya, primera Santa Colombiana
una mujer que desafió al mundo por amor a Cristo
21 de octubre | Festividad de Santa Laura Montoya, primera santa colombiana
Hay personas que pasan por el mundo dejando recuerdos. Otras dejan obras. Pero existen almas extraordinarias que, encendidas por el amor de Dios, dejan una huella que ni el tiempo ni la muerte consiguen borrar. Santa Laura Montoya fue una de ellas.
¿Hasta dónde estarías dispuesto a llegar por amor a Jesucristo? ¿Abandonarías tu comodidad, enfrentarías el rechazo y caminarías hacia lo desconocido para llevar esperanza a quienes sufren?
Santa Laura Montoya no respondió estas preguntas con palabras. Las respondió con su propia vida.
Una infancia marcada por el dolor, pero sostenida por Dios.
María Laura de Jesús Montoya Upegui nació el 26 de mayo de 1874 en Jericó, Antioquia, Colombia.
Cuando apenas tenía dos años, la violencia le arrebató a su padre. Su familia quedó sumida en la pobreza y Laura creció entre dificultades, soledad e incomprensiones.
Sin embargo, aquella niña que conoció tan pronto el sufrimiento aprendió de su madre una lección que transformaría su existencia: el perdón es más poderoso que el odio.
En lugar de permitir que las heridas endurecieran su corazón, Laura encontró refugio en Dios.
Su historia nos recuerda las palabras de Jesús:
«Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación» (Mateo 5,4).
Dios no le evitó todas las pruebas, pero le dio fortaleza para convertirlas en una misión de amor.

Una mujer que se atrevió a escuchar la voz de Dios
Laura se convirtió en maestra. Comprendió que educar significaba mucho más que enseñar a leer y escribir: era también despertar la dignidad, la esperanza y la confianza en cada ser humano.
Pero Dios tenía preparado para ella un camino todavía más exigente.
En una época en la que muchas mujeres encontraban enormes barreras para dirigir sus propios proyectos, Laura sintió una llamada extraordinaria: llevar el Evangelio a las comunidades indígenas de Colombia.
Muchos consideraban imposible aquella misión. Otros la criticaron y cuestionaron su decisión.
Ella no permitió que el miedo decidiera por su fe.
En 1914 emprendió su labor misionera en Dabeiba, Antioquia, acompañada por un pequeño grupo de mujeres valientes.
No partieron buscando riquezas ni reconocimiento. Partieron con la convicción de que el amor de Cristo debía llegar también a quienes vivían olvidados y despreciados por buena parte de la sociedad.
El Evangelio se anuncia amando
Una de las enseñanzas más hermosas de Santa Laura fue su insistencia en lo que llamó la pedagogía del amor.
Comprendió que no bastaba con predicar. Era necesario acercarse a las personas, conocer sus dificultades, compartir sus condiciones de vida y reconocer su dignidad.
En una sociedad marcada por los prejuicios contra los pueblos indígenas, Laura defendió su humanidad y dedicó su existencia a servirlos.
Su obra misionera estuvo profundamente vinculada a la evangelización católica de su tiempo. Sin embargo, su testimonio nos invita hoy a recordar que anunciar a Cristo exige respetar la dignidad de cada persona y amar sin discriminación.
Jesús nos dejó un mandamiento que resume toda su enseñanza:
«Que os améis unos a otros, como yo os he amado» (Juan 15,12).
Santa Laura comprendió que esas palabras no podían quedarse encerradas en un templo.
Debían convertirse en gestos concretos de misericordia.
Su amor por Jesús fue más grande que sus sufrimientos
La misión de Santa Laura no estuvo libre de enfermedades, sacrificios ni contradicciones.
Durante los últimos nueve años de su vida permaneció en silla de ruedas. Sin embargo, aquella limitación física no apagó su espíritu.
Continuó enseñando, escribiendo, orientando a sus religiosas y ofreciendo su sufrimiento a Dios.
Su cuerpo se debilitaba, pero su fe permanecía firme.
¡Qué enseñanza para quienes atravesamos momentos difíciles!
A veces creemos que, cuando perdemos fuerzas, oportunidades o salud, nuestra vida deja de tener propósito.
Santa Laura nos recuerda que siempre podemos amar, orar y hacer el bien, incluso cuando nuestras circunstancias cambian.
Como escribió san Pablo:
«Todo lo puedo en Cristo que me fortalece» (Filipenses 4,13).
La primera santa colombiana: un legado para el mundo
Santa Laura Montoya falleció el 21 de octubre de 1949 en Medellín.
Su misión, sin embargo, no terminó con su muerte.
La congregación que fundó, las Misioneras de María Inmaculada y Santa Catalina de Siena, continuó llevando adelante su obra evangelizadora y de servicio.
El 12 de mayo de 2013, el papa Francisco la canonizó, convirtiéndola en la primera santa nacida en Colombia.
Aquel acontecimiento llenó de alegría a la Iglesia colombiana y mostró al mundo la extraordinaria vida de una mujer que supo transformar la adversidad en servicio.
Pero su verdadera grandeza no está únicamente en haber llegado a los altares.
Está en haber vivido para Cristo y para los demás.
¿Qué nos enseña Santa Laura Montoya hoy?
Vivimos en un mundo que muchas veces confunde el éxito con el dinero, la popularidad o el poder.
Santa Laura nos propone otro camino.
Nos enseña que una vida puede ser inmensamente valiosa cuando se entrega con amor. Que el perdón puede vencer al resentimiento. Que las mujeres pueden abrir caminos de transformación con su inteligencia, valentía y fe.
Y, sobre todo, nos recuerda que no podemos decir que amamos a Dios mientras permanecemos indiferentes ante el sufrimiento de nuestros hermanos.
El apóstol Santiago nos interpela:
«La fe, si no tiene obras, está completamente muerta» (Santiago 2,17).
No todos estamos llamados a viajar a lugares lejanos como Santa Laura. Pero todos tenemos cerca a alguien que necesita comprensión, compañía, ayuda o una palabra de esperanza.
Nuestra misión comienza allí donde encontramos a alguien que necesita amor.
Oración a Santa Laura Montoya
Santa Laura Montoya, mujer valiente y enamorada de Jesucristo:
Tú que conociste el sufrimiento desde la infancia y aprendiste a responder con perdón, ayúdanos a sanar las heridas de nuestro corazón.
Tú que caminaste hacia lo desconocido confiando en la providencia divina, enséñanos a vencer nuestros temores y a seguir la voluntad de Dios.
Tú que reconociste la dignidad de los olvidados, despierta en nosotros un amor sincero hacia quienes sufren pobreza, soledad o discriminación.
Intercede ante el Señor para que nuestras familias encuentren paz, nuestros corazones se llenen de esperanza y nuestra fe se convierta en obras de misericordia.
Que, siguiendo tu ejemplo, aprendamos a amar a Jesús no solamente con palabras, sino con nuestra vida entera.
Santa Laura Montoya, ruega por nosotros.
Amén.
Una reflexión para llevar en el corazón
Santa Laura no esperó a que el mundo cambiara para comenzar su misión. Empezó con lo que tenía: su fe, su valentía y un corazón dispuesto a servir.
Tal vez hoy Dios también te esté invitando a dar un paso, perdonar a alguien, ayudar a quien lo necesita o recuperar la esperanza.
No subestimes lo que Dios puede hacer con una vida que se pone en sus manos.
Este 21 de octubre, honremos a Santa Laura Montoya siguiendo su ejemplo: con una fe que se transforma en amor.
¿Conocías la historia de Santa Laura Montoya? Comparte esta reflexión y ayúdanos a dar a conocer el legado de la primera santa colombiana.


